miércoles, 18 de febrero de 2015

miércoles, 11 de febrero de 2015

Charla sobre homeschooling en Madrid



El próximo jueves 19 de febrero voy a dar una charla sobre educación sin escuela y desescolarización interior en el centro quiropráctico Quiróptimo de Madrid.

La entrada es gratuita pero las plazas limitadas. Puedes reservar la tuya escribiendo a info@lauramascaro.com.


lunes, 9 de febrero de 2015

Cómo llevar un registro de actividades cuando eres unschooler [Archivo del boletín]






*Boletín gratuito enviado el 29 de diciembre de 2014.


Gabriela me preguntó cómo se puede llevar un registro de actividades cuando se es unschooler. Tal vez primero habría que explicar qué es el unschooling pero, por hoy, daré por supuesto que todos los lectores lo saben y pasaré directamente a la cuestión del registro.


En principio, un unschooler no tiene porqué llevar ningún registro de sus actividades, pues no separa el aprendizaje del resto de su vida. ¿Llevarías un registro de todo lo que comen tus hijos o de a qué hora se acuestan y se levantan cada día o de cuánto tiempo pasan al aire libre y cuánto tiempo delante de una pantalla? Probablemente no, a menos que tuvieran algún problema de salud que lo hiciera necesario. Entonces ¿por qué habrías de querer llevar un registro de su educación?


Sólo se me ocurren dos motivos: uno, para cumplir con las exigencias legales de tu lugar de residencia. Y dos, para tranquilizar tu propia consciencia cada vez que dudes sobre lo que estás haciendo. Si éste es tu caso, tal vez deberías replantearte el método educativo que estáis usando porque quizás no sea el más adecuado para vosotros. Lo importante no es ser unschooler o no serlo. El objetivo no es ser unschooler a toda costa porque por algún motivo creemos que es lo mejor para nuestros hijos. Lo mejor para nuestros hijos es lo que permita que todos los miembros de la familia puedan vivir en paz. Si eso lo consigue el unschooling para tu familia, entonces no necesitas ningún registro ni ninguna forma de evaluar los progresos académicos de tus hijos, aunque siempre puedes llevar un diario, como tal vez hacías cuando tenías 12 años.


Ahora bien, si tu familia es unschooler y está satisfecha con esta forma de vivir, pero estáis obligados a cumplir con leyes educativas que os exigen presentar documentación que acredite la educación que vuestros hijos reciben, entonces sí debes buscar formas de registrar el progreso de cada niño.


El primer paso es anotar todo lo que hagáis. No hace falta ningún sistema sofisticado ni seguir ninguna estrategia. Más bien al contrario: lleva siempre contigo una libreta y un bolígrafo, o una aplicación de notas en el teléfono móvil, y ve anotando cualquier actividad que hagáis, dentro o fuera de casa, y la fecha.


También puedes ir guardando pruebas físicas de esas actividades, como las entradas a los lugares que visitéis, fotografías de los eventos, matrículas en los cursos en que se inscriban, si es el caso, y todo lo que los niños hagan (si hacen una manualidad, si escriben un cuento, etc).


El segundo paso es aprender a traducir todo lo que hagáis al lenguaje académico y escolar. Al principio cuesta un poco, pero si es cierto que has aprendido a ver el aprendizaje en todas partes, también aprenderás a explicar las cosas en términos escolares. Si un día, por ejemplo, salís a hacer volar una cometa, sabrás explicarlo como un ejercicio de conocimiento del medio y de física; cuando hagan una construcción en Minecraft, sabrás explicarlo como un ejercicio de geometría, etc. Simplemente tienes que leer la normativa educativa aplicable y usar los mismos términos.



Lo que nunca debes hacer es organizar actividades pensando que quedarán bien en el portfolio, ni mucho menos transmitir esa presión a tus hijos.



Finalmente, puedes organizar toda esa información por asignaturas y cursos si necesitas presentarla a las autoridades educativas, o usarla para crear un diario o un blog. La forma de hacerlo va a depender de los requisitos que la legislación exija.



Lo más importante, sin duda, es tener claro por qué y para qué quieres llevar un registro de actividades. Como dije al principio, a mi sólo se me ocurren dos motivos, pero si hay otros que estoy obviando os agradezco que me escribáis y me lo hagáis saber, pues estoy segura de que la respuesta será distinta si el motivo lo es.




Suscríbete a mi boletín semanal gratuito

jueves, 5 de febrero de 2015

Las flores del Sr. Ministro




Un llamativo titular ha saltado a las portadas esta semana: “Wert elimina del Bachillerato el estudio de los animales y las plantas”. Las críticas no se han hecho esperar (los insultos de fascista, tampoco) y hay quien asegura que es muy importante que los niños tengan una oportunidad de acercarse al conocimiento y respeto por la naturaleza. Se ha dicho que esto es dar un “paso atrás” y que están convirtiendo a las escuelas en fábricas de ignorantes (como si hasta ahora hubieran sido fábricas de mentes prodigiosas). Casi todo el mundo ha puesto el grito en el cielo sin plantearse cuál es realmente el problema de fondo.

En primer lugar, no estamos hablando de niños sino de jóvenes -prácticamente adultos- que cursan Bachillerato y que ya han estudiado los animales y las plantas en Primaria y Secundaria. En segundo lugar, pasar de estudiar biodiversidad a estudiar teoría celular, genética molecular o bioquímica es un cambio, sí, pero no un paso “atrás”.

Pero lo más importante es que en este país no existe un auténtico debate en torno a la educación. Existe un enfrentamiento entre varias partes que, en el mejor de los casos, quieren imponer su propio modelo educativo y, en el peor, simplemente adoptan una actitud de oponerse a cualquier cosa que el otro proponga. Algunos incluso utilizan un lenguaje bélico para referirse al supuesto debate. Pelean por la lengua vehicular, por la religión, por el número de horas de matemáticas, por la música, por el contenido de la asignatura de historia y un sinfín de nimiedades que no se acercan ni de lejos a la cuestión de fondo que es ésta: ¿Quién tiene legitimidad para decidir qué cosas debe aprender un niño (o joven casi adulto), y para decidir cómo y cuándo debe aprenderlas?

En realidad el problema se genera por la hipertrofia del sistema escolar que, al crecer desproporcionadamente, ha perdido de vista su objetivo original, que era alfabetizar a la población. Enseñar a leer y a escribir (y “leer” no significa juntar letras y palabras, sino comprender aquello que se lee y ser capaz de analizarlo), enseñar nociones básicas de aritmética y proporcionar una base de cultura general. Con eso cualquiera puede desempeñarse bien en la vida y continuar formándose si así lo desea o necesita. En todo lo demás es imposible lograr un acuerdo.


Imagine una enorme pared con un millón de azulejos. Imagine que esa pared representa todo el conocimiento humano, que hemos adquirido a lo largo de muchos siglos. Ahora imagine que llega Wert con una vara y señala 15 de los pequeños azulejos que conforman la pared anunciando que, a partir de ahora, ése va a ser el conocimiento que todos los niños de 6 a 16 años deberán adquirir obligatoriamente. Acto seguido, aparece un representante del partido socialista, señala otros 20 azulejos y exclama: “¿Cómo es posible que el Señor Ministro quiera dejar fuera estos 20 azulejos tan importantes?”. Pero luego llegan los profesores de música y reclaman sus siete azulejos correspondientes. Y continúan llegando profesores, políticos, padres, tertulianos, ciudadanos y un largo etcétera, cada uno reivindicando la porción de azulejos que más importante le parece, por el motivo que sea.

Y esto es lo que está sucediendo. En vez de tener un auténtico debate sobre cuál debe ser el objetivo de la educación, sobre cuáles los principios que la informan y sobre la multitud de métodos pedagógicos que existen, lo que hay es una pelea de patio de colegio por ver quién impone su modelo y quién consigue meter la pata dentro del currículum.

La solución, en realidad, está en la mano de cada uno. Sé el cambio que quieres ver en el mundo, decía Ghandi. Es una frase muy bonita y muy fácil de compartir en Facebook pero muy difícil de aplicar en la vida. Alguien me decía que quería una escuela pública pero en la que el poder de decidir lo tuvieran las familias. Eso es una contradicción de términos. En la democracia representativa, el poder de decisión lo ejerces en las urnas. Después, quien decide es el gobierno.




lunes, 2 de febrero de 2015

Tipología de familias homeschoolers


Existen diferentes clasificaciones de los tipos de familias que educan en casa pero yo nunca había hecho una. Aquí la tenéis:


Los alternativos.


Son quizás los más conocidos porque muchos de ellos, 
además de homeschoolers, también son activistas anti-sistema. No vacunan a sus hijos y pretenden que tú tampoco vacunes a los tuyos. Viven en comunas  en el campo, algunos sin agua corriente ni electricidad y lo hacen todo a mano con materiales reciclados: la ropa, el pan, los yogures, la huerta, los regalos de cumpleaños para sus amigos y hasta el jabón (el de la lavadora no, que no tienen). Hacen rituales para llamar a la lluvia y adoran a la Pachamama. Algunos viven en furgonetas cochambrosas y viajan de aquí para allá porque son ciudadanos del mundo y consideran que los humanos no están legitimados para poseer la tierra.
Consideran que la educación es, sobre todo, democrática, ecológica y sostenible.


Los fundamentalistas religiosos.

No pertenecen todos a la misma religión, aunque ya les gustaría. Consideran que la escuela es un lugar donde sus hijos pueden infectarse con ideas nocivas como la teoría de la evolución o la literatura artúrica y no permiten que sus hijos se relacionen con infieles bajo ningún concepto. Las necesidades sociales de toda la familia se cubren sobradamente en la parroquia. Aprenden de memoria sus libros sagrados y los domingos se reúnen para quemar libros de Harry Potter y de Julio Verne. Consideran que la educación es, sobre todo, religiosa y, por supuesto, todos los demás están equivocados y no se salvarán.


La élite económica.

Ningún colegio es demasiado bueno para estas familias que viven montadas en el dólar y que, no vamos a negarlo, son la mayoría de los homeschoolers. Como el dinero todo lo puede, tienen institutrices y tutores para cada uno de sus hijos. En casa tienen biblioteca, gimnasio,  piscina, laboratorio, aula de música con piano de cola y hasta sala de profesores. A menudo viajan por el mundo en sus jets privados, siempre con los tutores de los niños, y se alojan en hoteles de cinco estrellas porque sus familias merecen lo mejor y nada más.
Consideran que la educación es una cuestión de honor, prestigio y posición social.


La élite intelectual.

Son primos hermanos de la élite económica, pero de la rama pobre de la familia. No se puede tener todo en la vida, pero al menos ellos han sido dotados de cerebros prodigiosos y por eso controlan el mundo (cuando la élite económica les deja, claro). Sus hijos dedican 12 horas al día al estudio y a las artes ("artes" en su diccionario significa ballet clásico, solfeo y violín). El único fin de la socialización es conseguir buenos contactos para asegurar el futuro de los niños, así que sólo se relacionan con la élite económica. A veces incluso con la élite económica escolarizada. Estudian latín, griego y arameo, hablan francés entre ellos (porque el inglés ya está muy visto y lo hablan hasta los alternativos) y los domingos se reúnen para quemar libros de Lucía Etxebarría y Paulo Coelho.
Consideran que la educación es una cuestión de honor, prestigio y posición social pero, como no tienen pasta, hincan codos.


*********************


Aunque éstas son cuatro descripciones hiperbólicas, sí es cierto que la mayoría de la gente piensa que los homeschoolers somos: 

a) antisistema, vegetarianos y antivacunas 

b) radicales religiosos 

c) ricos o 

d) intelectuales que nos creemos superiores a cualquier maestro de escuela (y a cualquiera en general)

Esto es, en parte, por nuestra culpa. Al menos en España. ¿Por qué? Porque no se nos conoce. Y cuando alguien no conoce algo, tiende a inventar y a exagerar cualquier aspecto negativo cuya existencia que crea posible.

¿Y por qué no se nos conoce? Porque no nos dejamos conocer.

Creo firmemente que la normalización a nivel legislativo no va a llegar nunca para este colectivo -y no debe llegar- si antes no se logra una normalización a nivel social. Esto es harto difícil puesto que la mayoría de las familias viven escondidas. No hablan de su decisión con casi nadie, no salen a la calle en horario escolar y, por lo general, tratan de pasar desapercibidas.

Si cada vez que me han escrito de un medio de comunicación pidiéndome información para hacer un reportaje y pidiéndome el contacto de alguna familia que quiera contar su experiencia, alguien se hubiera prestado voluntario, en este país habríamos tenido homeschooling en algún medio de comunicación prácticamente cada semana. Esto, durante los seis años que llevo dedicándome al tema, habría supuesto que, a día de hoy, el homeschooling ya fuera conocido por la mayoría de la población. Y el conocimiento, muy probablemente, conllevaría una aceptación cada vez mayor.

Así que este artículo irónico es un llamamiento serio a todas las familias homeschoolers españolas que estén dispuestas a darse a conocer la próxima vez que un medio de comunicación lo requiera. Contacten conmigo por privado, por favor, a través del email info@lauramascaro.com Muchas gracias de antemano por su colaboración.





Suscríbete a mi boletín semanal gratuito

Cómo hablar a los niños [Archivo del boletín]



La semana pasada estuvimos unos días en Andalucía visitando a unos familiares. En Granada fuimos a comer con unos amigos unschoolers. Estuvimos comentando algunos de los tópicos que nos toca desmontar casi siempre que hablamos con alguien que no conoce bien el tema y una de las cosas en la que coincidimos fue en que la mayoría de los adultos no saben cómo hablarle a un niño no escolarizado. Pensé que era un buen tema para el boletín de esta semana pero cuando me puse a analizar los puntos que quería comentar me di cuenta de que da igual que el niño esté escolarizado o no. Me explico:

Cuando un adulto se encuentra con un niño, lo más probable es que le pregunte cómo se llama, a qué curso va y cuál es su asignatura preferida. Incluso es posible que le pregunte si le gusta la escuela, cuestión que pone en un serio aprieto al niño que quisiera responder que no pero supone que esa no es una respuesta adecuada.

Los padres de niños no escolarizados solemos quejarnos de que se haga a nuestros hijos estas preguntas que no son pertinentes. Pero en realidad pienso que tampoco son pertinentes para los niños escolarizados. La escuela sólo es -o sólo debería ser- una parte de sus vidas. Su desempeño en la escuela o su preferencia por una u otra asignatura no definen quién es el niño.

Si tú tampoco sabes cómo hablar a los niños, aquí tienes algunas pautas:

  • No hables del niño como si no estuviera presente. El niño es una persona y como tal ha de ser tratada. Si quieres saber algo sobre él, pregúntale, no le preguntes a su madre.
  • No le preguntes a qué curso va. Si le preguntas a qué curso va, automáticamente lo estás poniendo en un grupo en el que inevitablemente se va a comparar o se va a sentir comparado. Mejor pregúntale cuántos años tiene.
  • No le preguntes cuál es su asignatura preferida, pregúntale qué cosas le gustan. A un adulto no le preguntarías cuál era su asignatura preferida en el colegio ¿verdad? Le preguntarías qué hobbies tiene o qué opina de algún tema de actualidad. Con un niño no tiene por qué ser diferente. Si quieres conocer a una persona lo mejor que puedes hacer es averiguar qué hace en su tiempo libre, es decir, cuando puede elegir qué hacer.
  • No le preguntes qué quiere ser de mayor. Puedes preguntarle qué hizo esta mañana o qué hizo en sus últimas vacaciones. Eso te dará información de quién es hoy, porque el niño, aunque sea pequeño, no se está preparando para la vida sino que ya tiene una vida aquí y ahora.
  • No le examines. Especialmente si el niño no está escolarizado. Preguntarle cuánto es 7x8 o cómo se dice "hoy hace viento" en inglés es situar al niño en una posición de inferioridad. Nadie va por ahí (nadie que yo conozca, al menos) intentando comprobar los conocimientos académicos de los adultos. Hay cosas mucho más interesantes que preguntar, como si tiene mascotas en casa, si toca algún instrumento o si le gusta más usar el ordenador o el ipad para jugar.
  • Escucha. Muchas veces las conversaciones entre un niño y un adulto no son conversaciones sino interrogatorios. El adulto lanza una pregunta tras otra sin orden ni concierto porque no escucha las respuestas. Si haces una pregunta, la respuesta del niño te dará pie a hacer otra pregunta o un comentario, porque tampoco hace falta acribillarle a preguntas, puedes hacer comentarios o explicarle cosas que haces y que te gustan.
  • Si ya es diciembre (como ahora) no le preguntes si se ha portado bien. Para empezar, porque el concepto de portarse bien que tú puedas tener probablemente no coincide con el que tenga él. Pero también porque eso de "portarse bien" se usa a modo de chantaje, y el chantaje siempre es reprobable. Además, los niños siempre se portan bien, porque no suele haber mala intención en las cosas que hacen "mal" (mal según nuestro criterio).

Y tú ¿cómo hablas a los niños?



**************
Artículos relacionados:





Suscríbete a mi boletín semanal gratuito
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...